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La depresión como fenómeno social



Convengamos en que todos los seres humanos, en determinados momentos de nuestras vidas, podemos experimentar una combinación de sentimientos y emociones intensas como la tristeza, la desmotivación, la decepción, la frustración y la ira, el enfado. Sentir estas emociones y sentimientos no significa necesariamente estar deprimido/a. Para hacernos una idea, en el caso de una persona con depresión, tendríamos que multiplicar muchas veces esta intensidad emocional para comprender cuánto puede doler la depresión.
Lamentablemente, la depresión se está ganando el título de la gran neurosis contemporánea. No podemos negar que estos casos clínicos cada vez son más frecuentes y que, con el tiempo, se está convirtiendo en un fenómeno social ya que se encuentra asociada a implicaciones emocionales y psicológicas que interaccionan con los condicionamientos del entorno sociocultural, político y económico en el cual se vive. De hecho, se hace visible cuando tiene lugar algún cambio vital no deseado que no admite la realidad ya conocida, que marca un antes y uno después, como por ejemplo, con la pérdida o la separación de un ser querido, cuando no se encuentra o se ha perdido el trabajo, o cuando los hijos/as se van del nido para comenzar a vivir sus vidas, un accidente.., como también, cuando se percibe la sensación de haber cumplido un ciclo al que es necesario darle un giro, se impone un cambio profundo y subjetivo pero que, a veces, no se sabe por dónde comenzar, por ejemplo, en los conflictos de pareja o familiares, re-orientación laboral o la búsqueda personal de equilibrio emocional y afectivo, entre otras. 
Este tipo de padecimiento es llamado depresión psicológica y tiene que ver con la búsqueda de sentido, con una crisis existencial muy humana que se experimenta como una profunda sensación de vacío que se refleja en la percepción subjetiva de un entorno familiar y social que ya no le devuelve una imagen valorizada como la de antes o la esperada, ratificando su fragilidad y el propio desamparo. Se trata de una dolencia que se manifiesta como una parálisis de la acción, donde se conjuga la impotencia con la utopía.
A menudo, los/las pacientes me comentan que se sienten avergonzados/as, que se auto-reprochan quizás en demasía, que se sienten culpables por no poder mejorar más pronto, de hecho, según la ocasión, optan por aparentar una mejoría artificial así evitan preocupar o alterar al otro/a y de paso, y se ahorran las preguntas incómodas, muchas veces, irritantes. Estas reacciones emocionales, relacionan la depresión psicológica con una regulación disfuncional del miedo, la culpa, el rencor, la vergüenza y la tristeza. Será necesario entonces, acompasar el cambio desde una gestión emocional saludable y desde una comunicación sincera en dos direcciones: para sí mismo/a y para los demás.
También, está clínicamente comprobado que, para la persona con depresión, es muy importante contar con el apoyo de la familia y/o de amigas/os a lo largo de su proceso de recuperación. En especial, según cómo la pareja y/o cómo el grupo familiar gestione emocionalmente estas situaciones nuevas tan movilizadoras y dolorosas, colaborará, en mayor o menor medida, no sólo en el proceso de mejoría de la persona deprimida, sino que también favorecerá el aprendizaje y crecimiento personal de cada integrante del grupo familiar.
+INFO: consulta gratuita para información, asesoramiento y diagnóstico orientativo. Dirigido a personas con diagnóstico de depresión o que tengan alguna consulta al respecto y a familiares y amigos/as que estén interesadas/os en acompañar de manera sensible para colaborar en su recuperación. 
Podéis consultarme al 619 31 29 95 (whatsapp) o a mi correo, silviastaps6@gmail.com, prometo contestar a la brevedad ;)
Ps. Silvia Staps.

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