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Ciclo de charlas "Las emociones en nuestra vida cotidiana" La ira y la tristeza en los procesos de duelo.




Aceptar la pérdida de un ser querido puede ser uno de los mayores retos personales que tenemos que afrontar ya que podemos experimentar un dolor especialmente profundo. Es apropiado y saludable vivir la pérdida como una parte natural de la vida, pero incluso así, nos puede embargar la ira por las circunstancias injustas de la pérdida como así también, una honda tristeza que nos puede apartar gradualmente de todo lo relacionado con la vida. La ruptura emocional de los lazos afectivos por la pérdida de un ser querido, favorece un estado afectivo de gran intensidad emocional que acciona un proceso subjetivo de aceptación de la nueva realidad sin la persona estimada y la consiguiente transformación personal llamado DUELO.
La elaboración de las pérdidas es posiblemente un tema central en nuestra frágil existencia humana. El discurrir de la vida es un continuo de pérdidas y separaciones, hasta la última y probablemente la más temida, que es la pérdida de nuestros seres queridos y afrontar la propia muerte. Cada pérdida implicará un duelo y su intensidad dependerá del valor que se la atribuya, es decir, de la "inversión afectiva y de expectativas" depositadas en la persona fallecida o en aquellos escenarios frustrados.
Las respuestas más frecuentes -no por ello, las más saludables-, ante la muerte y el morir suelen ser la evitación, la ocultación y el aislamiento, considerándola como un tabú, como un tema molesto del que no se quiere hablar ni siquiera con quien lo está viviendo de manera cercana, como familiares y amigxs. Esta forma de resistencia y de (re)negación hacia la muerte y las pérdidas en general, puede dar origen a una serie de malestares psicológicos y físicos como, por ejemplo, contracturas por tensión muscular sostenida, problemas digestivos, migrañas, estados de ansiedad y pánico, pesadillas, insomnio, irritabilidad, pérdida de la ilusión y ganas de hacer, etc. Este sufrimiento se añade al dolor que ya existe y, si no se modera su intensidad y no se regulan y gestionan inteligentemente emociones como la ira y la tristeza, -las más visibles a lo largo de un proceso de duelo entre otras emociones como el miedo, la culpa, la vergüenza o el rencor-, pueden desestabilizarnos progresivamente, agravando el cuadro clínico, antes incipiente.
En este sentido, es muy importante disponer de un espacio personal, tanto individual como grupal, donde poder expresarse libremente, sin vergüenza ni culpa, poder hablar abiertamente del propio sufrimiento y de las dificultades cotidianas, es un paso significativo para la resolución saludable de un proceso de duelo.
Está claro que no elegimos las pérdidas, no se elige la muerte pero sí, podemos elegir cómo las vivimos. Así, el duelo tiene un aspecto activo en el cual la persona es protagonista de una transformación interior dinámica que pone en juego los propios recursos de una forma especial y única. De esta forma, el proceso de duelo deja de ser una cosa que nos pasa, para ser una cosa que nosotros hacemos.

Les espero el día 25/9 a las 19:30h en la Llibreria Éfora, en Cerdanyola del Vallés. Al final de la exposición, habrá turno de preguntas. 
Entrada libre y gratuita. Aforo limitado.


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